lunes, 25 de marzo de 2013

EL ÁRBOL CAÍDO

Este es uno de los muchos artículos casi perdidos de cuando escribía para a revista “La Torre” en El Coronil. Posiblemente, tenga ya más de 10 años, y la escritura sea algo pomposa. Pero en su momento me gustó mucho escribirlo, y hoy lo comparto con todo el mundo.

 

EL ÁRBOL CAÍDO

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Durante todo este tiempo, he estado buscando de manera insaciable cualquier indicio o rastro de mi inspiración olvidada por el tiempo que he estado en mi letargo, sin escribir ni una sola palabra. Me derrumbaba en mi propia desesperación, temiendo haber perdido la habilidad que con tanto esfuerzo hice crecer en mi interior: la escritura. Fue entonces cuando me di cuenta de que las grandes metáforas y símbolos que conforman las divinas inspiraciones e influencias que educan nuestra vida pueden encontrarse en los más mínimos e insignificantes signos ocurridos en la naturaleza. Así dicha, esta idea puede parecer un tanto abstracta, pero aún no he explicado el porqué de esta expresión. He aquí la razón de este último escrito dirigido a vosotros, lectores.

Hace algún tiempo, hice una visita al castillo de las Aguzaderas. Me senté un rato a observar el ambiente y en ese momento de reflexión, me di cuenta de algo... Sobre el patio central, crece un árbol un tanto peculiar. No llama la atención por su virtud de ser voluminoso, alto o espectacularmente majestuoso. Más bien, salta a la vista su defecto de crecer a ras de suelo en una violenta y complicada curva. Al principio no me llamó la atención, pues estaba más atento a las desquebrajadas almenas y a la torre de homenaje del castillo; pero entonces me di cuenta de algo: “Al igual que ese árbol, deberíamos ser nosotros”. No me refiero a andar encorvado en plan “Higor”, ni tampoco a estudiar “derecho” para no terminar “por los suelos”. No, me refiero a algo más personal.

Desde su nacimiento, seguro que habrá estado creciendo y formándose cara al cielo, hasta que para su desgracia, alguien o algo lo derribara. Cualquier movimiento de rocas de su base pudo haberlo desnivelado, o un choque, o una sobrecarga... o infinitas cosas pudo haberle hecho caer. Cualquier otro árbol hubiera muerto en su circunstancia, pero este no. En vez de convertirse en leña. Persa fácil de cualquier hoguera de acampada, decidió echar raíces y volver a enderezarse desde lo poco enterrado que quedaría bajo su base. Y allí está, altivo. Aún no recuperado del todo, pero vivo.

Más descabellado suena eso mientras más leía estas líneas, pero más cuerdas aún son las razones que me llevaron a escribirlas. “Al igual que un árbol que se derrumba y vuelve a sembrar raíces, deberíamos ser nosotros...”

Desde nuestra infancia, nuestros primeros brotes en la vida, vamos aprendiendo y adquiriendo pautas para vivir. Crecemos cuan fuerte tronco, nutriéndonos de la luminosa experiencia de nuestros mayores y alimentándonos de la deliciosa sabia que transite el afecto de aquellos a quienes más queremos. Alzamos nuestra copa al viento, orgullosos de nuestro tamaño, hasta que la desesperación, la fatiga y el desánimo abre el suelo a nuestros pies y nos desnivela; o el estrés, agotamiento y trabajos acumulados nos arrastra a la perdición como una riada desbocada; o la pérdida de un ser querido, un amante, amigo... nos parte el corazón y nos desploma como si de un corte de hacha afilada se tratara. La amargura llama a las puertas de nuestro carácter y se aloja en él como un “okupa” en casa ajena.

¿Qué hacer en estos momentos tan deprimentes? ¿Abrazar a nuestra almohada y echarnos a llorar? ¿Meternos en el vicioso mundo de las drogas para olvidar? ¿dejar que se derrame la poca sabia que aún queda en nuestro interior y aceptar que nos hemos convertido en leña, carne fácil de las hogueras de la depresión?... Sería una solución. ¿Por qué no? Pero preferiría proponer otra alternativa: ¿Por qué no aprender de nuestro árbol?

No podemos encerrarnos en nosotros mismos eternamente, ni dejarnos perder la sabia y “morir” como cualquier árbol en nuestro caso. Es entonces cuando necesitamos de la voluntad, de las pocas fuerzas que queden en nuestro interior y volver a enraizar lo que la mala fortuna eliminó en su tiempo.

Si un árbol caído se alza meses después de décadas de crecimiento, nosotros debemos resucitar nuestra fe en mucho menos tiempo. Tal vez, nuestras circunstancias nos hagan tardar más tiempo o que nos cueste la misma vida reformarnos después de la tormenta; pero si al final nos recuperamos, valdrá la pena el esfuerzo pues, si nos dejamos caer al vacío y nos perdemos en nosotros mismos, puede que mañana no nos volvamos a despertar nunca más...

Gracias a un simple árbol deforme, nos hemos dado cuenta de la importancia de la fe en nuestra vida, así como de la facilidad con la que llegamos a perderla en momentos críticos y con qué esfuerzo humano nos volvemos a levantar de nuestros cimientos de miseria y amargura. Gracias a esto, pude escribir estas líneas que hoy os dedico a vosotros. Que ninguna tormenta os haga derramar vuestros cuencos de fe y si lo hacen, que las maldades que arrastren la lluvia no vivan lo suficiente para contar como os ahogabais en vuestras propias lágrimas.

 

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sábado, 16 de marzo de 2013

¿POR QUÉ LAS CEBRAS NO SUFREN ÚLCERA?

Planteémoslo como una pregunta de debate. Las cebras no sufren úlcera de estomago. ¿Pero por qué? ¿Tienen un estomago mas fuerte? ¿Sera por su dieta vegetariana? Nada de eso. Es una pregunta relacionada con el tema que nos toca hoy: el estrés. El estrés y las consecuencias negativas para el organismo, como en este caso extremo, una úlcera. Pero eso plantearemos la pregunta: ¿Qué es el estrés? ¿Cómo lo sufres? ¿Y cómo reacciona tu cuerpo ante él?

Mientras nos relajamos después de un largo día de trabajo, aprendamos un poco más sobre lo que ha considerado uno de los peores males de este nuevo siglo.

¿POR QUÉ LAS CEBRAS NO SUFREN ÚLCERA?

 

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¿QUE ES EL ESTRÉS?

estresAntes de definirlo, eliminemos falsos mitos. El estrés no es ni una enfermedad, ni la consecuencia de una mala vida.  El concepto del estrés aplicado a nuestra salud proviene de la física. Se refiere a “la resistencia de un cuerpo a una presión externa”. Dicho de otro modo, cuánto aguanta un cuerpo sometido a presión hasta que colapsa. Esa es la definición que aplicamos también desde la psicología y desde la salud en general.

A pesar de sus consecuencias en la salud, el estrés es una respuesta natural del organismo ante los estímulos externos. Nos ha posibilitado la supervivencia en entornos hostiles. Por eso, la filogenia ha querido que heredemos de nuestros antepasados esta capacidad para alterar nuestras capacidades ante estímulos inesperados.

¿QUÉ NOS PROVOCA EL ESTRÉS?

Las presiones externas que nos producen estrés los conocemos como “estresores”. Pueden ser por ejemplo: enfrentarse a un examen, una riña de tu jefe, que se acumule mucho trabajo y poco tiempo para hacerlo, un atasco en la carretera, el ruido de la calle… Aunque también podemos ser mas bestias y nombrar un accidente de coche, estar en un país en guerra, o cualquier catástrofe natural. Son sucesos que pueden ocurrir a lo largo de nuestra vida, del cual tenemos muy poco o nulo control sobre él, pero sí nos perjudica.

Podemos definir dos tipos de estresores:

· Fastidios cotidianos.- Seguramente serás capaz de identificarlos fácilmente en los ejemplos anteriores. Son sucesos fastidiosos y molestos que nos pasan a lo largo del día. No son muy intensos, pero si son muy continuados y constituyen la principal causa de las enfermedades inducidas por el estrés.

· Sucesos vitales.- Son sucesos (anteriormente he puesto ejemplos traumáticos, pero un suceso vital puede ser por ejemplo también el incorporarse al primer puesto de trabajo, tener un hijo o casarse) que no son tan frecuentes que ocurran en nuestra vida, pero que marcan significativamente por su efecto más intenso. La reacción emocional ante estos estresores son muy fuertes, pero al ser menos frecuentes, hay mas margen de tiempo para poder recuperarse de ellos. Puede que esta expresión de recuperación no te quede clara ahora. Pero tranquilo, lo explicaremos más adelante.

¿CÓMO VIVIMOS EL ESTRÉS?

Da lo mismo si a lo largo del día te riñe tu jefe, o si vas andando por la sabana y te persigue un mamut de 500 kilos. La reacción de tu cuerpo ante ambos estresores es la misma. No importa el estímulo que apliques para afrontar el estrés. Importa el cómo te lo tomes y cómo te enfrentes a ello.

· Nivel cognitivo (ideas).- Nuestra mente, ante una situación inesperada, puede interpretarla de dos formas: o es una situación insignificante que no nos plantea nada nuevo, o es una “situación amenazante” que posiblemente ponga en riesgo nuestra integridad, de una forma u otra.

· Nivel fisiológico.- En caso de detectar un peligro, nuestro cuerpo empieza a reaccionar. Se acelera el ritmo cardiaco, segregamos adrenalina, se tensan nuestros músculos y aumenta la tensión sanguínea, aceleramos la respiración, etc. Esto prepara a nuestro cuerpo para tomar dos decisiones ante este nuevo problema: o huimos, o nos enfrentamos a la situación.

· Nivel emocional.- Independientemente de la decisión que tomemos, las reacciones físicas nos harán experimentar inquietud y mucha preocupación. Mas resumido, “ansiedad”.

· Nivel conductual (comportamiento).- Ya nos colamos en este nivel hablando de cómo se comporta nuestra fisionomía ante esta situación estresante. Podemos emprender una respuesta de huida (salimos de la situación lo antes posible), o nos enfrentamos a la situación (plantamos cara y pasamos por encima). Nuestra decisión dependerá de lo preparados que nos sintamos ante esta situación, nuestra manera común de afrontar las cosas, o el nivel de ansiedad que despierte la situación.

 

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FASES DEL ESTRÉS

Sabiendo como reaccionamos ante el estrés, nos toca ver cómo se desarrolla este proceso dentro de nosotros. Pues al ser un proceso más interno que externo, ocurre casi sin que nos demos cuenta. Ocurren tres fases diferenciadas:

1. Fase de alarma.- Nos acabamos de encontrar con una situación estresante. Nuestro cuerpo empieza a reaccionar. Segregamos adrenalina para activar todo nuestro organismo ante una posible lucha o una huida desesperada. Es la fase donde empezamos a experimentar la angustia y la ansiedad.

2. Fase de resistencia.- Es una prolongación de la fase primera. El cuerpo percibe que la situación perdura en el tiempo. Por lo tanto, para evitar el agotamiento del organismo, segrega unas hormonas llamadas glucorticoides, que suministran más glucosa al organismo para compensar el gasto de energía. Es en esta fase donde tomamos la decisión final: o aguantamos el tirón porque no hay más remedio, nos enfrentamos a la situación o la evitamos.

3. La fase de agotamiento.- En esta fase, ya debería de haber pasado satisfactoriamente la situación estresante. Es entonces cuando el organismo necesita de un tiempo para volver a restablecer el equilibrio químico. Sin embargo, si llegados hasta aquí , la situación no se ha resuelto o se ha unido a otro suceso que acaba de surgir, el cuerpo empieza a “agotarse”. Es un cuadro severo de estrés, en el que tanto nosotros como nuestro cuerpo pierde la capacidad de responder. Las reservas químicas y biológicas se agotan y no somos capaces de responder a las agresiones. Es en estos casos cuando empezamos a desarrollar patologías relacionadas con este estado de ánimo saturado y continuado.

Conociendo estas fases, ya debería de serte fácil contestar a la pregunta: ¿Por qué las cebras no sufren úlcera?

NOTA.- Desde hace mucho tiempo, se ha considerado que la úlcera de estómago era provocada solo por un factor: por la presencia o ausencia de una bacteria llamada "Helicobacter pylori". No hubo más investigaciones al respecto hasta que se descubrió que habían personas que también tenían esta bacteria y no se veían afectados por tal patología. Al parecer, en estos casos, el propio cuerpo había desarrollado los anticuerpos necesarios para poder combatirla. Entonces, ¿cuál es el factor relevante en la úlcera? La respuesta es una disminución en las defensas del organismo. El estrés continuado es capaz de reducir estas defensas, por lo que la presencia de la bacteria junto con un cuadro continuado de estrés severo son las que hacen probables la aparición de la dolencia.

¿POR QUÉ LAS CEBRAS NO SUFREN ÚLCERA?

Todos hemos visto (aunque sea de pasada) algún documental de naturaleza. Todos hemos visto cómo viven las cebras en la sabana africana. Parece una vida tranquila. Todo el día paseando, pastando, jugando al tres en raya…

Sin embargo, a pesar de esta vida tranquila, están rodeadas de peligros constantes: amenazas de depredadores como el león o el guepardo, otros animales peligrosos como los hipopótamos o los elefantes… No están tranquilos ni a la hora de beber en un río (cocodrilos).

Por esta regla de tres, las cebras deberían de sufrir más estrés que nosotros, los humanos. Pero no. Sufren el justo y necesario. El que deben de experimentar sólo en las situaciones de huida o de defensa de sus crías.

La cebra no está constantemente pensando en los peligros que le rodean. Solo se percata de ello cuando percibe que tiene un león cerca. Es entonces cuando empieza a activarse. Cuando realmente ve al león salir de la maleza, entonces es cuando empieza su carrera por la supervivencia. Su cuerpo tiene que ser un hervidero de adrenalina y anodynina (sustancia que calma el dolor) mientras huye de su depredador. Cuando el león se cansa de correr y desiste para centrarse en otra víctima más fácil, es cuando la cebra puede parar y descansar. Fuera de peligro, su cuerpo tiene todo el tiempo del mundo para poder restablecer el equilibrio y así, volver a su vida normal.

La cebra sufre un estrés intenso. Pero no dura mucho y tampoco es muy frecuente. Por lo que su cuerpo puede recuperarse después de cada episodio. En su caso es muy fácil. Sufre de estrés y se recupera pronto, o muere en el intento. Ahí está la respuesta a esta pregunta.

A pesar de que no vivimos en la sabana africana, y que ahora nuestros depredadores naturales son tan diferentes de lo que fueron los tigres y leones de la selva, el mundo moderno nos pone a prueba de resistencia cada día. Nada puede “curar” el estrés. Pero si lo podemos afrontar con mejor cara. Tomándonos las cosas a su justa medida y saber tomarnos nuestro tiempo libre como “válvula de escape” de toda la tensión acumulada son solo algunos de los infinitos consejos que se pueden dar para aliviar nuestro cuerpo del estrés.

Así que ya sabes. Si te sientes muy desbordado por el estrés del día a día, hazte cebra. Te recuperarás antes del estrés. Pero te comerán antes.

 

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La cuestión inicial está planteada también en el libro del mismo título: Por qué las cebras no tienen úlcera de Robert M. Sapolsky. Es un título que analiza en profundidad el estrés y todas sus consecuencias en el organismo. Si no quieres quedarte a rayas, ya sabea a dónde acudir.

sábado, 9 de marzo de 2013

ANATOMÍA DE UN PSICÓPATA

A pesar de ser los peores villanos de nuestras obras de ficción favoritas, nos hemos dejado seducir por ellos. Annibal Lecter, Patrick Baterman, “Jigsaw”… son nombres que nos atraen a la vez que nos aterran. El rostro del psicópata se ha convertido en la reencarnación del mal, en el rostro de un enfermo mental que hace el mal por el mal, el caos por placer. Un depredador humano.

Pero, ¿y si te dijese que tu vecino, tu jefe, incluso ese amigo raro podría ser un psicópata? Y si la pregunta anterior te ha dejado con los pelos de punta, si quieres puedo tranquilizarte diciendo que no son siempre asesinos despiadados de sangre fría. De hecho, son tan aparentes que pueden pasar como personas normales… Hasta que se les descubre.

Es imposible leer la mente de un sujeto de este tipo, pero a día de hoy podemos esclarecer mucho sobre su comportamiento. Si quieres “desnudar” a un psicópata, este es tu momento.

 

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ANATOMÍA DE UN PSICÓPATA

Durante mucho tiempo, la psicopatía ha sido considerada una patología psiquiátrica. Se han elaborado instrumentos muy fiables capaces de detectar qué persona tiene los rasgos que le convertirían en un psicópata. Sin embargo, en los últimos años esta concepción ha desaparecido. El psicópata ya no es un enfermo. La psicopatía es considerada ahora un estilo de personalidad. Una identidad en sí misma.

Datos etimológicos señalan que la proporción de psicópatas en la población es de un 1%. Y como señalábamos al principio, podría ser tu vecino, un familiar, tu jefe… o cualquier otra persona aparentemente normal. Como suele ser en casos donde la violencia y la agresividad son apartados elementales –no he dicho que en la psicopatía lo sean, aún-, siempre se ha asociado con pasados turbios, niñez problemática, víctimas en su momento de violencia o abusos, etc. Pero no es el caso. Estadísticamente, se han encontrado sujetos psicópatas tanto en familias modelo, como en contextos marginales y de alto riesgo. Ello hace suponer –aunque no está claro del todo- que la predisposición sea más genética que ambiental.

¿QUÉ ES LA PSICOPATÍA?

psicopataEntendámosla como un estilo de personalidad en la que la persona tiene un serio problema en su capacidad para  sentir empatía y ponerse en el lugar de otras personas, llevándolas a menospreciar y a perjudicar en caso de que sea necesario a la hora de conseguir sus objetivos.

Tiene un déficit empático. Pero no solo porque sea incapaz en ponerse en lugar de otra persona y comprender su situación. Su problema es que no es capaz de reconocer emociones, tanto propias como ajenas. No las siente. Gran parte de su emocionalidad está anulada. Las emociones que son capaces de percibir son la ira, el impulso sexual y la frustración. Una vez llegado aquí, podrás hacerte una idea de lo que le supondría a un psicópata establecer una relación afectiva. Efectivamente. No sería capaz.

¿CUÁL SERÍA EL PERFIL DE UN PSICÓPATA?

· Esta falta de empatía y de emocionalidad les hace ver al resto de la gente como rivales a batir. O como en la mayoría de los casos, como posibilidades de sacar provecho de una situación. Manipula y miente para ello. Consideran a las personas más confiadas o menos perspicaces como despreciables, que además piden a gritos con su forma de ser que sean manipuladas y se les trate mal.

· No son fáciles de detectar, pues son muy aparentes. A primera vista, suelen ser muy agradables, energéticos y suelen caer bien. Lo ideal es que vayan siempre muy bien vestidos y muy aparentes. Es una conducta simulada, pero tiene sus recompensas. La gente suele confiar en personas así.

· Son agresivos y vengativos. Se frustran con facilidad si no se salen con la suya. En algunos casos pueden llegar a ser extremadamente violentos, si en ocasiones anteriores esta violencia les hace sacar ventaja o provecho.

· Detesta las normas sociales. No son capaces de seguir una disciplina de reglas. Funcionan según mejor les conviene en el momento. Si para ello tiene que romper las normas, bien. O si para ello se deben de escudar en un marco legal o normativo, se escudan. No es de extrañar que muchas personas con este perfil prefieran hacer carrera en el mundo de la política o el derecho.

· Tanto en contextos laborales como cotidianos, quieren destacar de cualquier manera. Ser jefe, ocupar un puesto de éxito, un lugar que le asegure muchos ingresos económicos, ser el centro de atención de algún grupo en particular… serán sus objetivos más proclives a cumplir. Pero no están dispuestos a trabajar por ello. Quieren resultados exitosos rápidos con el menor esfuerzo posible.

· No tienen objetivos claros. Viven al día. No se sienten satisfechos con ninguno de sus logros y pronto se desmotivan y cambian de trabajo, círculo social, contexto y de objetivos.

· En el amor y las relaciones afectivas, son imitadores excepcionales. Suelen copiar gestos y papeles de películas románticas con el fin de obtener recursos para conquistar a su pareja. esta combinación de agresividad oculta y dulzura aparente resulta ser muy atractiva para algunas mujeres con mayor necesidad de aprobación o dependientes. Por lo cual, se convierten en víctimas de dicha relación.

¿SON LOS PSICÓPATAS POR LO GENERAL MÁS INTELIGENTES QUE LA MEDIA?

Ha habido psicópatas extremadamente inteligentes. Pero sobre la media, suelen tener una inteligencia normal. Sin embargo, estos sujetos tienen una ventaja sobre los demás: no tienen el filtro moral que causa nuestra emocionalidad normal. Son más retorcidos y fríos. Nuestros actos y decisiones normales se rigen por un filtro moral regulado por nuestras emociones. Sabemos que está mal hacer daño a otras personas, o violar su intimidad o pertenencias. Sabemos que la honestidad tiene sus ventajas para con la confianza de la gente.

Pero el psicópata no lo ve así. No tiene ese filtro moral. Por lo cual es capaz de pensar con más frialdad y con mejor determinación en momentos límite, porque no se ve saturado por la reacción emocional.

La situación ideal para un psicópata es el caos y el desorden absoluto. Como hemos descrito, detestan las normas sociales y no tiene reparos en romperlas. Pero en momentos de caos y desorden absoluto, son estas personalidades las que toman el control de la situación.

Un ejercicio: intenta recordar la última serie o película de ficción que tratase sobre una catástrofe. Donde cundiese el pánico y se produjese algún tipo de desorden generalizado (ataque terrorista, amenaza biológica, apocalipsis de cualquier tipo…) En estos contextos, ¿cuáles son los líderes más significativos que surgen? ¿O cuáles son las motivaciones finales de los principales artífices de estas catástrofes?

Y si hicieras otro esfuerzo, te darías cuenta que en momentos críticos de la historia, personas muy carismáticas y con perfiles algo misteriosos se hacían con el poder, ya sea de forma violenta, o a través de la elección del pueblo.

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Ya sea a través de la retorcida personalidad de un asesino en serie, un super terrorista internacional, o un político, abogado o empresario sin escrúpulos, la imagen del psicópata seguirá atrayendo a los autores de fantasía, como aterrorizando a sus consumidores. Pero a veces, la realidad supera la ficción, y lo que sea capaz de hacer un ser humano en tiempo real, siempre superará a la imaginación de los mejores escritores, actores y cineastas del mundo.

El psicópata existe, y es un ente más cercano de lo que creemos en realidad.

Y si te ha parecido ridícula esta descripción o has sido capaz de irte tranquilamente a la cama después de leer esto, entonces es que tú mism@ estás más cerca de serlo de lo que tú mism@ creías…