viernes, 15 de febrero de 2013

UN PEQUEÑO TROZO DE PAZ. La tregua de Navidad de 1914

 
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1914. El archiduque Francisco Fernando de Austria es asesinado durante su estancia en Sarajevo. La noticia corrió como la pólvora por las grandes naciones europeas y en cuestión de semanas, los grandes imperios chocaron en la que sería el mayor conflicto bélico vivido por la humanidad: La Primera Guerra Mundial. El Triple Entente (Francia, Reino Unido y Rusia) se enfrenta por la hegemonía europea a la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría e Italia).
 
Con más de 17 millones de militares desplegados en el campo de batalla, un escenario que ocupaba toda Centroeuropa, África, Los Balcanes, y Asia, y con el prestigio de las naciones en juego; los mayores mandos se enfrentaban a un tipo de guerra completamente nueva, donde se combinaban las armas más modernas hasta la fecha con tácticas ya obsoletas pertenecientes al siglo XIX. Los regimientos de caballería cargaban contra tanques, la infantería avanzaba en conjuntos compactos contra el fuego devastador de artillería y ametralladoras, la aviación recién descubierta empieza a jugar un papel cada vez más decisivo en la contienda… y la ciencia avanza con decenas de adelantos en el arte de la muerte y la destrucción.
 
Pocos meses después de comenzar la contienda, y después de frenar el avance de los alemanes en su nueva táctica de “guerra relámpago” antes de que llegaran a París, se establece un nuevo tipo de estrategia. Ambos bandos se cobijan dentro de una extensísima red de trincheras que recorre todo el frente occidental, por Francia, Bélgica y Luxemburgo. Una táctica que se llamaría “guerra de desgaste”, o “guerra de trincheras”, que no sufriría apenas variación hasta 3 años después.
 
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Es aquí, en esta red interminable de trincheras, en una pequeña región de Bélgica cerca Ypres, donde sucedió una de las historias más fascinantes y desconocidas de la guerra.
 
A los soldados ingleses y alemanes solo les separaba unas pocas decenas de metros entre sus trincheras. Habían combatido duramente durante los primeros meses de la guerra. La infantería de ambos bandos era masacrada asalto tras asalto por el fuego incesante de los nidos de ametralladoras y morteros. La tierra de nadie se componía de laberintos de alambre de espino, maderos de contención, cráteres de explosiones, barro de gélida lluvia y cuerpos humanos desperdigados. La situación humanitaria de ambos ejércitos era decadente, y los soldados estaban cansados y muchos de ellos enfermos. El invierno azotaba duro en la región y junto con el aire, el ardor de la batalla se enfriaba. Nadie tenía fuerzas para combatir. Los soldados añoraban su hogar. Y más en esas fechas. Era diciembre, y sus cartas solo hablaban del calor de sus casa, los deseos de reencuentro con la familia, y las fiestas de navidad.
 
Una noche de vísperas de Nochebuena, mientras que los soldados de guardia ingleses vigilaban el frente, guarecidos de los tiradores de élite alemanes, empezaron a escuchar tonadas al otro lado del campo de batalla. Los alemanes parecían cantar canciones. Villancicos para ser más exactos. Los ingleses, perplejos, se lo tomaron como una provocación y respondieron a aquel improvisado ataque contra su moral cantando sus propias versiones en inglés.
 
A la mañana siguiente, una niebla espesa bañaba la región. Los centinelas, tiritando por el frío y la humedad, se alertaron al distinguir figuras espectrales atravesando la niebla. No lo podían asegurar, pero parecía que alguien se acercaba lentamente a sus puestos. Dieron la voz de alarma y en silencio, sin perder el factor sorpresa, toda la sección formó en la primera trinchera. Efectivamente, en la lejanía podían distinguir bultos amorfos que poco a poco iban delineándose en figuras humanas. Soldados alemanes. Eran muchos, y se acercaban lentamente. No parecía ser un asalto, pues su avance era demasiado lento y no parecían querer camuflarse en el espesor de la niebla. A medida que se acercaba, pudieron distinguir que llevaban todos un extraño objeto en sus manos. No eran armas. Eran más bien ramas de árboles que habían adornado con trozos de alambre y algunas latas. Los ingleses apuntaban perplejos a los supuestos atacantes, esperando la orden de fuego a discreción. Pero nuevamente volvieron a levantar armas al ver que el soldado alemán en cabeza agitaba un pañuelo blanco. Querían descansar. Iban a proponer una tregua para poder celebrar el día de Navidad. Parecían asustados, confusos y muy cansados.
 
Los ingleses no salían de su perplejidad. Pero finalmente, sus deseos de paz fueron más fuertes que sus dudas y desarmados, salieron a tierra de nadie a estrechar la mano de un enemigo mortal que les había brindado un gesto de amistad. Este gesto se extendió por todas las regiones del frente occidental, y durante ese día, los contendientes convivieron sin signos de violencia. Ambos bandos pudieron recoger a sus muertos y darles sepultura en una misa conjunta. Compartían comida, cartas e historias en sus trincheras. Se intercambiaron regalos en Navidad, como botones de los abrigos, insignias, algunas latas de comida... Más o menos lo que tenían a mano. La tierra de nadie se convertía en improvisados campos de fútbol donde equipos de ambos bandos se divertían con balones improvisado. Los ingleses, desconocedores de este símbolo hasta el momento, conocieron lo que era un "árbol de navidad" al ver esas ramas adornadas con los alambres y placas de hojalata. Cientos de gestos más casi quedaron en el olvido. En algunos lugares, esta tregua se extendió hasta año nuevo, y en muchos otros sitios amenazaba seriamente la continuidad del conflicto, para bien de sus participantes.
 
Los altos mandos de los ejércitos, al enterarse de que sus hombres confraternizaban con el enemigo, y habían improvisado una tregua sin órdenes explícitas del estado mayor, quisieron poner fin a ese comportamiento indisciplinado tajantemente. Prohibieron toda clase de relación con el enemigo. Ordenaron de nuevo la formación en filas, y reanudaron los ataques. La propaganda volvía a dibujar al enemigo como monstruos que incendiaban hospitales y mataban niños, y aquellos que fueron juzgados como responsables de tales actos de traición, fueron encarcelados o fusilados.
 
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Y así fue como las naciones acallaron la voz de unos jóvenes soldados que se dieron cuenta que sin voluntad de luchar, no había guerra que valiese. Que su enemigo no era cruel ni sanguinario, sino que eran tan humanos y estaban tan asustados como ellos. Y así fue como uno de los gestos más hermosos de la historia casi fue olvidado por el bien de los intereses de los grandes imperios.
 
La guerra terminó en 1918, dibujando un nuevo mapa de Europa y dejando tras de sí a más de 6 millones de muertos. Desde entonces, en cada víspera de estas fiestas, se ordenaban andanadas masivas de fuego de artillería en ambos bandos, para mantener a los soldados ocupados y evitar la alta traición por confraternizar con el enemigo. Sin embargo, en los hilos de la historia, a pesar de ser tejida por las grandes figuras nacionales y por los ganadores de dichas guerras, no ha podido deshilar lo ocurrido en esos días en las trincheras, donde se demostró que por alta que sea la presión del poder, al final siempre se impone la vida cotidiana; y que a pesar de las nuevas corrientes científicas y filosóficas de la época, el ser humano no es violento por naturaleza. Que solo busca vivir de la manera más tranquila y pacífica posible, sea cual sea su sitio y sea cual sea sus condiciones.
 
“La guerra solo hay que hacerla en la cama,
El amor donde a ti te de la gana.”
Txus di Fellatio. Mago de Oz.
 
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domingo, 10 de febrero de 2013

¿ERES CELOS@ O TODAVÍA NO TE HAN PROVOCADO?

Hola a todos. Hoy me pilláis en muy buen momento. Estoy muy, muy, pero que muy emocionado. Mi novia me ha dicho que quiere sorprenderme con algo “salvaje” para este próximo San Valentín. Me repite muchas que no me “corte” cuando me lo enseñe…

A lo mejor no lo sabéis, pero sí. Desde hace poco tiempo, solo unos meses, estoy saliendo con esta maravillosa criatura. Nos llevamos bien, y aunque sé que llevamos poco tiempo y algunas rencillas son normales en los comienzos de las relaciones, he notado algunas cosas raras. A comienzos de verano, tenía una cita pendiente con algunos amigos. No pude salir porque casualmente la cerradura se averió, dejándome encerrado dentro de casa justo cuando ella acababa de irse. El otro día, me encadenó con esposas a la cama. La dejé porque creía que eran unos inocentes juegos eróticos preliminares. Pero me quedé en esa posición más de 12 horas. De vez en cuando veo “grabados artísticos” hechos con cuchillos en las puertas de madera. A pesar de ello, es una chica estupenda. Hoy me ha mandado un video para celebrar todo este tiempo juntos. Miradlo aquí:

Bueno. Debo dejaros, que ahora me está llamando desde la cocina. Dice que la ayude a “trinchar” yo que sé qué.

HASTA PRONTO!!

¿ERES CELOSO, O TODAVÍA NO TE HAN PROVOCADO?

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(copia y pega para más información) http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/celos-que-matan-en-las-parejas-1360324533

Un dilema universal para muchas parejas está reflejada en esta pregunta:

<<¿Eres celoso o celosa?>>

Y con un simple SÍ o NO, tranquilizas o inquietas la conciencia de esa persona que se ha convertido en tu pareja. En realidad, existe una respuesta objetiva a esa pregunta. Y la respuesta, a pesar de lo que temíais, es un “SÍ universal”. Todos somos celosos. Lo hemos heredado de nuestros antepasados y aunque sabemos que no es un sentimiento agradable, y mucho menos nos conduce a la felicidad, es un sentimiento adaptativo para nuestro modo de vida.

Normalmente, pensamos que los celos solo se reducen a la vida en pareja. Pero también existen celos más allá de la vida sentimental.

¿QUÉ SON LOS CELOS?

Definido correctamente, los celos son un sentimiento de infelicidad que se produce cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera propio. Concretamente, ese algo considerado propio siempre es una relación con otra persona. Desde la psicología se define así, como una respuesta natural de ansiedad y angustia provocada por la percepción de amenaza a perder una relación interpersonal importante para nosotros. Claro está que esta amenaza de pérdida se da cuando aparece otra persona que podría interferir en dicha relación, a la que llamaremos “intruso”.

En esa mezcla de emociones y percepciones propias, destacan tres realidades que son inherentes a los celos:

· La posesión: Desde una perspectiva puramente egoísta, consideramos la relación con ciertas personas como “nuestras”, de nuestra propiedad. Y nadie más debería de interponerse. <<Esta es MI novia>>, <<MI chico>>, <<MI mujer…>>. Este sentido de la propiedad es tan primitivo como lo son nuestros antepasados, a los que tenemos que agradecer esta aportación a nuestro bagaje de comportamientos.

· Inseguridad emocional: Este es un dilema que atañe a nuestro tema. ¿Se es menos o más celoso si nos sentimos más o menos seguros? ¿Los celos producen inseguridad emocional? Ambas afirmaciones son como la pescadilla que se muerde la cola, porque ambas son correctas. El sentir que una relación es sólida y segura, genera más confianza en uno mismo y también sobre el otro. Pero independientemente de ello, es inevitable experimentar celos. Y éstos vienen siempre acompañados de un poco más de vulnerabilidad emocional.

· Envidia: Los celos contienen un componente de envidia, pero la “envidia” no son “celos”. Cuando deseamos algo que sabemos que no es de nuestra posesión, sino que pertenece a otro, ese deseo mal satisfecho produce el sentimiento de envidia. Además, este sentimiento se produce siempre desde una visión de inferioridad hacia lo deseado. Los celos se le parecen mucho, pero no tienen ese componente de deseo, sino de amenaza o miedo.

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Aunque comúnmente los celos los asociamos al mundo sentimental, también existen celos en otras vivencias:celos

· Celos de confraternidad: el comúnmente dirigido de un hermano a otro hermano. El que se da cuando de pequeños, nos  enteramos que mamá tendrá un hermanito o una hermanita, y sentimos celos del nuevo bebé porque acapara más atención y cariño. Algunas veces, estos celos pueden acompañarnos hasta la adultez, llegando incluso al odio del hermano. Si están familiarizados con el mito de Adán y Eva, no estaría mal revisar lo que fue de sus hijos Caín y Abel.

· Celos juveniles: los que surgen cuando llegamos a la pubertad y empezamos a experimentar por primera vez los cambios y las experiencias clásicas de un cuerpo adulto. Es una época de mucha inseguridad y vulnerabilidad. Dudamos de todo, y la aceptación social se convierte en algo muy necesario. Por el afán de esta aceptación, surgen los celos entre los iguales. En la adultez madura, estos celos siguen existiendo, pero estarán extrapolados a otros campos más importantes de nuestra vida, como la aceptación en el trabajo, en los estudios, y por supuesto, en el amor.

· Celos amorosos: los que más se pronuncian en este artículo y que seguiremos manteniendo como referencia.

Podemos considerar a los celos como una “emoción social”, puesto que no pertenece a las emociones básicas; como pueden ser el placer al comer un caramelo, la reacción ansiosa cuando tenemos miedo, o la angustia de una larga espera. Se da por el contacto con otras personas, por la interacción social. Para muchas especies animales, los celos no existen. Solo se dan en especies que hayan desarrollado un sistema social propio y jerarquizado, como es el caso de muchos simios y por supuesto, los humanos.

Los celos atacan tanto a las mujeres como a los hombres. Pero es en los hombres donde más se acentúa su efecto, ya que aquellos núcleos cerebrales relacionados con la agresividad están más desarrollados que en las mujeres.

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NOTA CURIOSA

¿Sabéis que los hombres y las mujeres vivimos de manera distinta nuestros celos? Los hombres, puesto que les prima defender a su pareja porque será la portadora de sus pequeños genes, el motivo de sus celos es por el miedo de que su pareja tenga relaciones sexuales con otros hombres que rivalicen con su descendencia. Mientras que la mujer, como le prima más el sentirse segura y protegida, sus celos se fundamentan en el miedo a que su pareja genere un vínculo emocional más poderoso con otra mujer.

A estas alturas, si te preguntaran para qué sirven entonces los celos, ya sabrías responder. Los celos son una alerta de defensa que nos permite asegurar mejor aquellas relaciones que prolongarán nuestra estirpe a lo largo del tiempo. Si un macho primate no defendiese a su hembra, ésta sería montada por otro macho, por lo que la preñaría este segundo y pasaría sus genes a su cría, siendo los genes del primero posiblemente extintos. Y en el caso de la hembra, pasaría igual. El macho, una vez haya preñado a nuestra protagonista, se quedaría sola para gestar y criar a un recién nacido indefenso, dejándolos a ambos a merced de depredadores o demás peligros.

 

Los ejemplos con los monos están muy bien. Pero imaginad ahora que pasa con personas normales y corrientes de nuestro tiempo. ¿Cómo dañaría estas situaciones de abandono o de pérdida de una relación tan importante?

1. Si perdemos esa relación, perdemos también las experiencias y refuerzos positivos asociados a esa compañía.

2. El abandono o la pérdida afecta muy negativamente a nuestro universo emocional. No solo provoca angustia y tristeza, sino que nuestra autoestima se merma, dado que nuestra compañía ha preferido elegir al intruso, sintiéndonos nosotros inferiores y despreciados.

 

CELOS PATOLÓGICOS

Todo el mundo es celoso. Mas, a lo largo de nuestro crecimiento y educación, aprendemos las estrategias necesarias para hacer frente a estas emociones, al igual que aprendemos lecciones sobre todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, en algunas ocasiones, las emociones negativas provocadas por los celos sobrepasan los límites soportados por la mente humana, quebrándola y haciéndola enfermar.

La celotipia, o celos patológicos, es una patología fuertemente autodestructiva. Quien la padece vive en una situación constante de infelicidad y angustia, dejándose llevar constantemente por sus miedos y sospechas. No acepta otra realidad que no se ajuste a las evidencias de engaño que esa persona cree ver. A partir de aquí comienzan las invasiones de intimidad, la constante vigilancia y control, privación de libertad, y episodios agresivos de violencia.

Como perfil, los podemos definir como personas con muy baja autoestima; una estabilidad emocional muy débil; una mentalidad muy desconfiada; muy dependientes de otras personas, aunque sepan enmascararlo con un altísimo nivel de sociabilidad o cariño desmedido; y en ocasiones, muy agresivos.

¿Cuál es entonces el límite entre las personas que son muy celosas y las personas que pasan esa barrera y se vuelven patológicas? No es fácil definirlo. Pero desde la patología, el agresor cree con rotunda convicción que actúa correctamente. Que todo lo que hace, lo hace por amor a su pareja.

LA CURA DE LOS CELOS

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No estaría de más terminar con un par de soluciones prácticas al problema de los celos. Desde aquí, proponemos un par de medicinas preventivas para hacer del sabor de estos sentimientos menos agrios, y ayudar además a aceptarlos.

· Para prevenir los celos, nunca viene mal reparar un poco en uno mismo, y restablecer la seguridad y la confianza en nosotros mismos. El respeto comienza con el de uno mismo.

· Los límites también son importantes. Respetar el espacio ajeno es un paso para ganar la confianza de aquel que posiblemente se convierta en nuestra pareja sentimental en el futuro, y restablecer así la confianza en la relación. El respeto CONTINÚA con el de los demás.

· Desde la infancia, se deben inculcar valores relacionados con la tolerancia, el respeto y el reconocimiento de las libertades de los demás. Y así, un niño que crece aprendiendo a defender las libertades ajenas, crecerá sabiendo defender también las suyas.

· Comprender que los pilares de la pareja son la confianza, el respeto y el cariño. Sin éstos cimientos, cualquier relación fracasará, con vivencias de celos o sin ellos. Mantener una comunicación fluida en la pareja es una vacuna contra la inseguridad y la desconfianza.

los celos siempre estarán presentes. Pues como dice Eduard Punset: <<El cerebro humano no está para buscar la razón, sino para defendernos>>. Y ya que vamos a vivir con celos sí o sí, aprendamos a vivirlos con mejor disposición.

 

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